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“BOTELLAZO A BOTELLO”

Lo adelantamos: Anaya mejor que Botello. Alfredo Botello Montes, líder moral de los panistas “duros”, quien aspiraba a ser dirigente estatal del PAN, decidió no participar en la contienda interna para elegir, entre los “dioses del PAN” (los pocos, poquísimos consejeros), a su presidente. Evitó el “botellazo” en la cabeza que estaba a punto de recibir Botello; tiró la toalla y se salió de la contienda.

Trascendió el pasado viernes 12 de febrero y, ese mismo día, de sorpresa en sorpresa brotaban las noticias; Roberto Carlos Cabrera, nunca considerado por los panistas para ser dirigente estatal, quien perdiera las pasadas elecciones internas de su partido ante Guillermo Vega, cuando buscó la presidencia municipal de San Juan del Río, ahora resulta que se inscribió de última hora (entró de emergenjte), en lugar de Botello (duro, por duro), pero únicamente para no dejar ir solo a Ricardo en busca de la dirigencia estatal, solo por eso; los “duros” saben que tienen perdida la contienda y buscan afanosamente cómo ablandar y restar fuerza al grupo de Ricardo para que no se lleven el carro completo, esto es, Roberto que no tiene nada que perder se lanza al “ring político”, por Alfredo, que sí tiene mucho que perder; este último cuidó las formas para que no lo fueran a “descalabrar” del “botellazo” que le lanzaron los neos directo a la cabeza.

A todo esto, le siguió Manuel Ovalle Araiza, exdiputado local y federal y excolaborador de Francisco Garrido, al denunciar públicamente a su compañero de partido (a Ricardo por supuesto), y calificarlo como un “enfermo de poder” (¿ya se le pasó la misma enfermedad a Manuelito?) y que, dijo también, representaba un peligro para el PAN (¿por qué nunca lo denunció cuando cogobernaba Anaya con Garrido?), también le echó la culpa al candidato y diputado local Anaya por haber perdido las pasadas elecciones a gobernador. En fin, Manuel asegura que el PAN perderá si gana Ricardo Anaya.

Así las cosas, las razones expuestas de Botello, fueron endebles, no creíbles; este último argumentó que no deseaba dividir a su partido. Lo que no sabe Alfredo, es que su partido, el PAN, está actualmente pluridividido, multidividido, fraccionado y en decadencia. Y cómo no, si se le terminó la fuente inagotable de otorgar cargos públicos a todo aquel que pretendiera subirse a las filas del partido en el poder. El anzuelo que usaba Botello se quedó sin “cebo”, ya no puede pescar nada. Botello ya no manipula el “cebo”, se le acabó el poder mediático (placas, licencias, trabajos, entre otros) que utilizó durante los últimos 6 años, el poder que le permitió sembrar a toda su familia (casi a toda) en las filas de gobierno del estado, hermanos, sobrinos, sobrinas, tíos, compadres, ahijados, amigos panistas, etc.  Así que la razón expuesta por Alfredo Botello, no fue creíble, mucho menos convincente. Alfredo debe entender que su poder, por ahora, se ha visto reducido, minado por el mismo desgaste de tantos años que ha permanecido en cúspide de su partido (ya lo exprimió bastante y quiere más), por su incontrolable ejercicio del poder por el poder. Alguna vez lo dijo Eric Salas, su compañero de partido, dos veces diputado local, ahijado político de Garrido: “si Botello quiere todo el pastel, no le vamos a dejar nada”.

Alfredo Botello Montes, ¿inteligentemente? evitó el “botellazo” que estaba a punto de recibir en plena cabeza por parte de su contrincante (le hubiera roto toda la faz) Ricardo Anaya Cortés y del grupo político que este maneja (dicen que a la sobra está Garrido Patrón). Así las cosas, solo es cuestión de tiempo para que se llegue la fecha de la elección interna (28 de febrero), para que los panistas unjan a Ricardo Anaya Cortés, como su nuevo y el actual presidente del PAN, quien sustituirá a aquel de triste y negra historia (este sí fue causante directo de las derrotas del PAN), Edmundo Guajardo Treviño, quien de oficio panadero pasó a ser diputado local y dirigente del PAN; eso dicen los mismos panistas: fue el títere de Garrido; papel, que, por cierto, desempeñó muy mal a grado tal que los llevó al fracaso, a él, a Garrido Patrón y a todos los soberbios que ahora niegan su culpa. Dice el dicho: “no tiene la culpa el indio, sino aquel que lo hace compadre”. ¡Lo malo que en este asunto no se sabe quién es el indio y quién el compadre!.