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De cuatro partidos jugados en el mundial por la selección mexicana de fut bol, apenas se pudo ganar uno de ellos. Dos perdidos y un empate. Y el partido ganado fue gracias al desorden que privó en la selección francesa; no había unidad entre los jugadores, ni apoyo de estos con el director técnico; de lo contrario, seguramente la selección mexicana no hubiera metido esos 2 goles a Francia. Hoy domingo 27 de junio, la selección mexicana se despidió del mundial. Pasó a octavos de final de milagro y hasta ahí pudo llegar el equipo propiedad de particulares, no de los mexicanos. Uno de los objetivos más importantes se cumplió cabalmente; efectivamente, lograron la meta principal las empresas televisoras mexicanas Televisa y Tv Azteca; entre ambas se embolsaron, según los analistas, en época de crisis económica, 900 millones de pesos aproximadamente en publicidad. El equipo de fut bol, de la selección mexicana, se integra por los “cuates”, por los recomendados, por los compromisos; los dueños de los equipos deciden quién forma parte de la selección. No importa sin son buenos jugadores, deben formar parte del círculo “rojo” para estar dentro de la selección. Ya ahí, dentro del equipo, el siguiente paso es auto proyectarse para que los dividendos económicos vengan por si solos, los jugosos contratos, las cartas suben de precio, los equipos consentidos se fortalecen con sus jugadores seleccionados, los promocionales que mejor paguen se contratan. Llega el tiempo de cosechar, sin importar el rendimiento del equipo ¿A quién le puede importar si se gana o se pierde un partido? ¡A nadie! Los ingresos han fluido lo suficiente durante la “bacanal” futbolística. Amigable lector ¿encuentra usted grandes diferencias entre los grupos políticos que se reparten, como coloquialmente se dice: “el pastel” y los equipos de fut bol? Seguramente coincidirá conmigo en gran medida. Ambos son muy parecidos, casi idénticas las maneras de trabajar. En los equipos políticos, de todos los partidos, casi siempre se reparte entre ellos (los mismos de siempre) los espacios. No importa si los colaboradores integrantes del “equipo de trabajo” son inteligentes, si son capaces, si saben la materia del trabajo que les asignan, si tienen experiencia, o si son honestos. No. Lo que importa es que sean parte de ese círculo “rojo” que los atrae por compromiso. O es el amigo, o es el “cuate”, o el recomendado, o bien el compromiso de campaña el que los une y los obliga a sumarse como uno solo, aunque ya en la brega cada quien jale para su lado. Como los del equipo de la selección mexicana, cada quien busca “brillar”; no hay un trabajo de equipo ¿Cómo, para qué? Es el negocio lo atractivo del equipo. Una vez que están adentro, aunque no sean los mejores jugadores, lo trascendente es que sobresalga la individualidad. Y vienen las cámaras fotográficas, las entrevistas, los reportajes, las historias personales de triunfo; el lucimiento en los medios de comunicación para cotizarse como los mejores del momento, aunque no lo sean. Vaya, cualquiera se confundiría y seguro le costaría trabajo distinguir entre un equipo de políticos y un equipo de una selección mexicana. Por lo pronto, la orgía futbolera está por terminar, la selección de México perdió 3 goles a 1, en contra de los odiados (futbolística y personalmente) argentinos, que una vez más “la mano de dios” les ayudó por medio del árbitro que dio por bueno un gol tirado en jugada adelantada o fuera de lugar. Después vendrían las torpezas de las “individualidades” futbolísticas que se hincharon de dinero con tantísima publicidad y promociones enardecidas. Ni modo, como cada 4 años, la selección mexicana volvió a mostrar sus flaquezas y en esta ocasión qué bueno que fue así, ya que nuestros políticos, a falta de héroes nacionales, estaban a punto de levantarles un monumento a más de algún jugador de la selección ¡por su valor, por arriesgar el honor de los mexicanos! Por fin, regresamos a la realidad Bueno, al final de este comentario y análisis, seguramente usted también encontrará muchas similitudes entre la forma de integrar el equipo de la selección mexicana, con la conformación de los equipos de los políticos; en ambos casos se rigen por intereses de grupo y no por los intereses de las mayorías. En ambos casos: Vaya decepción. Y para que no me tilden de radical, he de reconocer que siempre habrá alguna excepción a la regla, aunque cueste trabajo encontrar quiénes representan esa excepción. Esta es la realidad. |