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ENGAÑO, FRACASO Y DESILUSIÓN

Esa fue la impresión que causaron los Diálogos por la Seguridad convocados por el presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, después de que asistieron a estos tanto gobernadores, como líderes de los partidos políticos, representantes de diferentes iglesias, académicos, empresarios, titulares de los Poderes Judicial y Legislativo y diversos representantes de la sociedad civil. La última reunión de “trabajo” se desarrolló el pasado jueves 20 de agosto. Eso sí, todas presididas por Felipe Calderón.  El objetivo del Presidente, según sus propias palabras, encontrar en conjunto,  la solución al gravísimo problema de inseguridad que viven gran parte de los estados que integran la República Mexicana.

En esta última reunión el presidente de la República afirmó en forma por demás categórica: “el ejército mexicano no saldrá de las calles en lo que resta de mi sexenio”. Con esta frase dejó caer el velo mostrando el abierto engaño de que fueron objeto los invitados a los diálogos por la seguridad. Mucho se ha criticado la presencia de las fuerzas armadas mexicanas, haciendo labor de policías preventivos y ministeriales, actividades que no se encuentran enmarcadas en ninguna norma jurídica, mucho menos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Bastante se han criticado los abusos y violaciones a los derechos humanos que han cometido elementos de las fuerzas armadas en el ejercicio de una función ajena a sus atribuciones. Se esperaba algún cambio en esta estrategia y nada ¿entonces para qué los diálogos si el presidente ya había tomado una decisión unilateral? ¿todo fue un monólogo?.

Debido a la falta de un pliego de conclusiones, se estima que fueron un fracaso los diálogos por la seguridad. Aunado a ello, desde un principio hubo quienes en forma reiterada insistieron que un tema tan importante, delicado y por ello trascendente para terminar con la inseguridad pública, no debió tratarse públicamente ¿mostrarle las estrategias gubernamentales para atacar a la delincuencia organizada? Todo fue un teatro, manipulación, mediatización para atraer simpatías hacia el presidente de la República, han afirmado muchos de los actores políticos. Y no les falta razón. Hasta un niño de primaria sabe que nunca debe darse a conocer al contrincante las armas que porta en una batalla, jamás debe darse a conocer las estrategias para vencer al enemigo ¡En el campo de batalla todo debe ser sorpresa! En cambio, en las reuniones de los diálogos para la seguridad, se habló de escases de presupuesto público para atender el problema, de insuficiencia de elementos de seguridad pública, de falta de armamento, de corrupción policial. En pocas palabras, se desnudaron ante el enemigo  mostrando sus flaquezas y pobrezas que lo hacen más vulnerable.

La conclusión fue la desilusión. No hubo acuerdos para ponerlos en práctica a pesar de la buena voluntad que mostraron, al menos, al haber asistido a las reuniones los convocados. Al final sobresalieron los reclamos; fueron más importantes las diferencias que las coincidencias. Vea algunas de ellas estimado lector: “Que si necesitan más presupuesto y no hay dinero suficiente; que si eliminan programas sociales para darle más presupuesto a la seguridad pública; que si aumentan los impuestos a la población para destinar más recursos a la seguridad sin lesionar los programas sociales; que paguen impuestos las grandes empresas; que en los estados en donde gobiernan los priistas hay más delincuencia y estos no han reducido la inseguridad; que si la delincuencia organizada es competencia federal y no estatal; que si no han aprobado las iniciativas de ley en materia de seguridad, enviadas por el ejecutivo al legislativo, por falta de voluntad de los priistas; que si el Poder Judicial deja en libertad a muchos delincuentes; que si el ministerio público elementa mal las averiguaciones previas y por ello dejan libres a los delincuentes; que si no asistieron los del PRI a la última reunión, mostrando falta de voluntad”. Bueno, esto y más fue el triste resultado que arrojaron los diálogos para la seguridad. Al final: nada. Eso sí, las autoridades dieron a conocer a los mexicanos, consecuentemente a la delincuencia organizada (y a los desorganizados también), que las autoridades no se ponen de acuerdo para resolver el problema. Mientras tanto, sigue incrementándose el número de mexicanos ejecutados, continúa el contrabando de armas, aumenta el tráfico de estupefacientes, siguen las detenciones de autoridades inmersas en la delincuencia organizada, etc. Todo sigue igual. El resultado de los diálogos para la seguridad fue: ¡engaño, fracaso y desilusión!.