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¿GUERRA CALDERONISTA PERDIDA DESDE UN INICIO?

Eso lo saben los mexicanos a poco tiempo de haber “declarado la guerra a los narcotraficantes” el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, sí, al inicio de este sexenio. Lo que ignoraba o no tuvo en cuenta el presidente de la república (que lo dudo mucho), es que la delincuencia organizada desde hace mucho forma parte de toda la estructura social, política, económica, empresarial, religiosa, electoral, gubernamental, policial, etc. de este país que es México. La delincuencia organizada está en y por todos lados incrustada, mueve parte de la economía nacional. Ilusamente el presidente solo le “declaró la guerra” a una mínima parte de esa estructura delincuencial, cuando que todas las partes que conforman esta grande y poderosa red también toma parte en las decisiones que afectan el curso de nuestro buen rumbo del país ¿En qué pensaba Calderón cuando sacó al prestigiado ejército mexicano y a la marina nacional a las calles para combatir, solos, al monstruos de las mil cabezas? Que pulula por todas partes del territorio; en algunas actúan con la mayor violencia nunca antes vista, vamos ni en la época de la revolución, y, en otras con descaro usando un gran “cuello blanco” que los identifica con la “realeza económica, social, religiosa y política”

En la prestigiada revista PROCESO, de circulación semanal y nacional, desde hace ya mucho tiempo, trabajan varios reporteros (verdaderos investigadores) siempre tras la ruta de la delincuencia organizada en materia del narcotráfico. Ha publicado basta información sobe ello, incluso de los abusos cometidos por elementos del ejército mexicano; de políticos relacionados con el “negocio o industria del narcotráfico”. ¡No se guarda nada! Sin duda que tiene ya un cúmulo importante de información debidamente documentada de todo lo que difunde semana a semana sobre este grave y no por ello importantísimo tema. Semanario de información y análisis, esa es la revista. Aquí “bebemos” y nos nutrimos de información miles de mexicanos en cada edición; es creíble lo que se publica en la revista por su descarnada veracidad desde hace ya muchos años; ha editado 1744 números; éste es el último de la semana, 4 de abril. El contenido de la ilustrada revista se comenta por doquier; en el café, en la casa, en la oficina, en los propios medios de comunicación (escritos, radiofónicos, televisivos, en todos), en el trabajo, en la universidad, vamos ¿en dónde no se platica, se comenta cualquiera de los artículos que ahí se imprimen? Las entrevistas, comentarios, artículos, ilustraciones cómicas; todo es bueno, regularmente. Todo ello debido a la certeza e importancia de la información.

La portada del último número ya ha sido y seguramente seguirá comentándose en todos los medios que entretejen nuestra complicada sociedad. La simple ilustración de la portada, una bofetada (sin guante blanco) al gobierno de Felipe Calderón; aparece una fotografía, cuya interpretación da para toda una extensa plática: “Don Julio Scherer García y El Mayo Zambada”, uno de los delincuentes más buscados por las fuerzas armadas mexicanas, por la policía federal, por las áreas de “inteligencia” del gobierno, bueno hasta por la DEA. El primero de ellos, Don Julio, rebasa ya los 80 años y el segundo está gozando los 60, este recarga sobre el hombro derecho del primero su mano derecha; además usa bigote, porta una cachucha negra que le hace sobra sobre la mitad del rostro que no se le puede ver con claridad, usa playera manga corta, pantalón de mezclilla y en el pulso izquierdo un reloj. Don Julio con una amplia sonrisa (como burlándose de las autoridades), aparece en camisa de manga larga y dos bolígrafos negros dentro de la bolsa de la camisa. Por cierto que, como pretendida admiración Don Julio señala que El Mayo Zambada mide poco más de 1.80 centímetros de estatura. Así de simple y significativa es la fotografía que ilustra en forma desgarradora, cruda y sencilla la ineptitud del gobierno de Felipe Calderón, gobierno que no ha podido lograr la detención de uno de los hombres más buscados, por miles de agentes.  En tanto que Don Julio posa para la fotografía con el delincuente, impreso que se difundió por toda la república mexicana. ¡Qué bárbara contrariedad!.

Ahora, cuando uno se adentra lenta, detenidamente en el contenido de la lectura de la “plática­entrevista” que sostuvieron Don Julio y El Mayo Zambada, llega uno fácilmente a varias conclusiones; algunas ya sabidas de antemano, otras también, pero con la especial diferencia que son expuestas por el propio delincuente. Entiendo que muchos de ustedes ya leyeron letra por letra esa entrevista y al parecer se espera más y no faltaba, pues se trata algo verdaderamente insólito, que un delincuente perseguido por miles de agentes de seguridad, se haya atrevido a “retar” a las autoridades y hacer una abierta declaración: “si me atrapan o me matan… no cambia nada”. Y Don Julio, como buen periodista simplemente dijo: “si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos” ¡Y lo cumplió a cabalidad! Fue al mismo infierno por la entrevista.

Lo interesante de todo esto, además de lo expuesto, no han sido los comentarios de los “grandes” comentaristas que trabajan para medios de comunicación nacional; no, eso no es nada, para eso les pagan; lo trascendente es que ninguna autoridad ha declarado nada al respecto ¡Callados todos, fueron tomados por sorpresa y ahora no saben qué hacer!

¿Cómo pedirle a Don Julio, periodista (a los cuales les teme la autoridad) de profesión, que rinda declaración ministerial y les de todos los detalles?, no solo los que narra en la revista, en donde expone la travesía que pasó para esa “plática-entrevista” con El Mayo Zambada; ¿cómo pedirle a Don Julio que les de la grabación, cómo, el señor es periodista? En fin, las autoridades quedaron petrificadas ante tal descaro y desafío de la delincuencia organizada. El Mayo Zambada lo confirmó. Aquí solo una pequeña parte de lo platicado por El Mayo Zambada: “…El narco está en la sociedad, arraigado como la corrupción. Rechaza las acciones bárbaras del ejército. El, problema del narco envuelve a millones. El narcotráfico como un imán irresistible y despiadado que persigue el dinero, el poder, los yates, los aviones, las mujeres propias y ajenas con las residencias y edificios, las joyas como cuentas de colores para jugar, el impulso brutal que lleva a la cúspide. En la capacidad del narcotráfico existe, ya sin horizonte y aterradora, la capacidad para triunfar. El gobierno llegó tarde a esta lucha y no hay quien pueda resolver en días problemas generados por años. Infiltrado el gobierno desde abajo, el tiempo hizo su trabajo en el corazón del sistema y la corrupción se arraigó en el país. Al presidente, además, lo engañan sus colaboradores. Son embusteros y le informan de avances, que no se dan, en esta guerra perdida…”. El Mayo, según su dicho, se dedica a la agricultura y a la ganadería. Para mayor dureza en el golpe periodístico de Don Julio, sentencia que El Mayo Zambada le ofreció (casi con seguridad) una entrevista con el Chapo Guzmán, otro miembro de la delincuencia organizada buscado “afanosamente” por las autoridades mexicanas y norteamericanas. Y para cerrar la “plática-entrevista” socarronamente Don Julio refiere: “El guardaespaldas apuntó con la cámara y disparó” ¡Uf!.

Luego entonces ¿qué harán nuestras autoridades con Don Julio Scherer García? el periodista a quien no le pudieron coartar su derecho inalienable de escribir y publicar la “plática-entrevista” con uno de los delincuentes más temidos de la historia de la delincuencia organizada, quien para más de alguno se volvió cómplice de aquel y eso se llama en el ámbito penal encubrimiento ¿Mandarán llamar a Don Julio para que declare sobre la probable ubicación del delincuente, del cómo, cuándo, dónde y quiénes más intervinieron en los hechos? Seguramente que no. La fría y terrible incógnita domina la situación; estamos hablando de un periodista que cumple con su obligación de informar, porque para eso fue la entrevista, para que se difunda qué está pasando con la “guerra” de Calderón; que el problema del narcotráfico está metido hasta el tuétano de la sociedad mexicana y ya forma parte de ella; y, sobre todo, que no hay forma de acabarlo, al menos de la manera en que se está pretendiendo hacerlo. Lástima, estamos hablando de mi país.