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¡NO SOMOS IGUALES!

Esa es la triste realidad en México. No todos los mexicanos somos iguales ante las autoridades gubernamentales. Van, según las autoridades, más de 23 muertos como consecuencia de la “guerra” emprendida por Felipe Calderón en contra de la delincuencia organizada; y muchos de los muertos caídos durante esta “guerra” simplemente son calificados por el gobierno federal como “daños colaterales”. Los otros muertos no importan, se están matando entre ellos, son homicidios cometidos entre las bandas rivales, así pues para qué investigar tanta muerte, no vale la pena. Así suponemos que miles de averiguaciones previas iniciadas por razón de los sangrientos homicidios pasan a formar parte de un grueso archivo “muerto”.

¿Por qué esta afirmación, estimado lector?, precisamente por lo acontecido el fin de semana en el municipio de Pedro Escobedo, Querétaro, vamos por la hasta ahora “desaparición” de la persona de Diego Fernández de Cevallos, la cual no ha podido ser considerada por las autoridades del ramo como delito de secuestro, en razón a que, después de más de 36 horas de “desaparecido” no se ha pedido rescate ni nada a cambio de la persona en cuestión.

Primero. Los medios de comunicación tradicionales en lo que ve a la necedad de obtener información “privilegiada”, a su vez prohibida por la ley, están molestos porque no saben nada, porque las autoridades no les informan a ellos, porque los boletines que han emitido las dependencias encargadas de la investigación no le brindan el material que les sirve para lucrar; esos medios están famélicos a punto de desfallecer. Pero, por razón de la importancia del personaje “perdido”, han aguantado “vara” y resisten estoicamente como si fueran de mármol puro, tibiamente se quejan de la falta de información. Eso es bueno y ojalá así le hicieran en todos los casos y no permitirles a los medio periodísticos “privilegiados”, como acontece en forma cotidiana, que llegan al extremo de realizar entrevistas a los detenidos presuntos delincuentes, antes que el propio ministerio público y al final resulta que sus entrevistan tienen mayor valor que las diligencias ministeriales. Así que es bueno mantenerlos a “raya” en cumplimiento de la ley, no darles información en razón a que se pone en peligro cualquier averiguación del delito. ¿Acaso esos medios de comunicación (empresas que lucran) pensarán que los delincuentes no están informados?. Al difundir información confidencial ante la necedad de algunos periodistas, se les advierte a los delincuentes las estrategias policiales, por lo tanto se les advierte a los delincuentes sobre las líneas de investigación. Por eso hay que aplaudir la restricción de la información periodística en estos y muchos casos más.

Segundo. Todos los niveles de gobierno se han volcado y por órdenes presidenciales, en la búsqueda del “desaparecido”, para dar con su paradero. Lo cual por supuesto no sucede en ningún otro caso que no sea de alguien de suma “importancia” para el gobierno y para el caso Diego Fernández, personal e institucionalmente representa para las esferas del poder una persona “importantísima”, por ello hasta los “perros” intervienen en la investigación y que no se malinterprete, o sea, los perros amaestrados para la búsqueda de personas. Hay un ejército tras la búsqueda del “desaparecido”, hecho insólito, tomando en cuenta que Diego Fernández de Cevallos, hoy en día no ocupa cargo público de designación ni de elección popular que amerite semejante movilización. Simplemente es un  ícono del panismo tradicional y ya.

Hasta dónde llega la insensibilidad de algunos políticos como Manlio Fabio Beltrones, quien declaró que Diego Fernández, era pieza fundamental para la gobernabilidad del país. ¿Qué? ¡Vaya sandez! Sí, eso fue lo que declaró a los medios el senador. Y uno no puede dejar de preguntarse de inmediato ¿a qué gobernabilidad se referirá este político? Si Diego no gobierna a nadie o ¿acaso será el poder tras el trono? No lo creo, creo que se trata de simples ocurrencias de los políticos.

Así las cosas, la “desaparición” de esta persona a obligado el fin de semana a generar espacios informativos extraordinarios fuera de programación solo para cubrir mediáticamente la ausencia de Diego Fernández, porque en realidad no se sabe absolutamente nada de su paradero, hasta ahora, y así, al unísono, todos (hasta yo), estamos ocupados en el asunto. Eso sí, aplaudiendo la negativa de información que pueda estropear la averiguación que siguen las autoridades estatales para dar con el paradero del “desaparecido”. En consecuencia ¿verdad que no todos somos iguales ante la ley?; hay niveles de interés para las autoridades, algunos nada importan, otros más o menos y los menos, los poquísimos, esos sí merecen la atención hasta del presidente de la república, sin importar que se encuentre fuera del territorio nacional, desde allá gira instrucciones para que se dé con el paradero de su amigo. ¡Esa es nuestra justicia mexicana!.