UNA PREGUNTA |
Y con mucho respeto dirigido a la esposa de Héctor Lugo Chávez, a quien tuve el gusto de conocer hace 6 años aproximadamente, en una reunión (comida) que se llevó a cabo en el municipio de Coroneo, Guanajuato, en la hacienda de los padres del entonces presidente municipal, de extracción panista. El anfitrión lo fue el presidente municipal de ese lugar. Se torearon varias vaquillas (al menos se intentó) en la hacienda, sin que alguna de ellas saliera lastimada, por supuesto tampoco los invitados. Por cierto, Alfredo hizo la intentona. Yo me reusé a tomar el capote, hace no muchos años recibí una fuerte patada y con eso tuve suficiente para no volver a intentarlo en mi vida. A la reunión asistieron, entre otros, Alfredo Botello, entonces Secretario de Gobierno, el mismo Héctor Lugo Chávez, a la sazón Secretario de Desarrollo Agropecuario, acompañado de su esposa el presidente municipal de Huimilpan; y varias personas más. Los temas de conversación fueron muchos y variados, todos ellos sin mayor importancia, salvo para el hermano del anfitrión que se distinguió por su gestoría para la obtención de licencias al por mayor para la expedición de bebidas alcohólicas, principalmente de cerveza, puesto que en aquel municipio de Coroneo tenía un gran depósito; varias de sus licencias las “sembraba” en distintas misceláneas, como depósitos y así lograba no solo distribuir cervezas, también vender al mayoreo con sus tráileres, también propiedad de esa familia. En fin que la felicidad irradiaba en aquel día. Algunas palabras que escuché en ese lugar se me quedaron profundamente gravadas en la mente. Esas palabras fueron externadas precisamente por la esposa de Don Héctor Lugo Chávez, ambos traídos del estado de Guanajuato, para incorporarse a trabajar al gabinete del entonces gobernador Ignacio Loyola Vera, como Secretario de Desarrollo Agropecuario, a pesar de que no conocía nuestro estado queretano. Bueno, esta no es la pregunta que aun me bulle en la mente. La interrogante surge a razón de lo manifestado, con singular insistencia, por la esposa del entonces Secretario de Desarrollo Agropecuario. Estas fueron sus palabras: “¡nosotros somos bien panistas, pero bien panistas, siempre hemos sido panistas!”. Palabras que repitió la señora con bastante énfasis, con insistencia para que no quedara duda de su amor, pertenencia y militancia política. A fin de cuentas la mayoría de los asistentes eran militantes de ese partico político y había que quedar bien frente al Secretario de Gobierno ¿sería por eso?. Al paso del tiempo, Héctor Lugo Chávez y su esposa, dejaron de pertenecer al PAN, se les terminó el orgullo de ser panistas, la enjundia que los caracterizaba se esfumó. Ahora son severos críticos de los panistas, podría decir que son enemigos políticos de los panistas. Héctor Lugo Chávez, brincó al PRI y la esposa labora para el gobierno de Calzada ¿Dónde quedaron aquellas lapidarias palabras? ¡Somos bien panistas, pero bien panistas! ¿Qué debe suceder para que se pueda cambiar radicalmente la forma de pensar políticamente. Entiendo que el problema somos las personas, no los partidos políticos; las personas son las que corrompen la política, los políticos son los que no honran su palabra, son los que incumplen; los partidos políticos conservan sus principios, sus programas de acción. Los militantes de los partidos son los rapaces (claro, no todos), los abusivos, son los traidores ¿Pensarán que en el PRI no sucede lo mismo que les pasó en el PAN y por eso se cambiaron de partido político?. Esa es la interrogante que no encuentra respuesta satisfactoria, ¿Por qué en tan poco tiempo se puede cambiar de ideología política? ¿Por qué cuando la suerte nos sonríe y todo es triunfo somos tan felices? ¿Qué pasó con ese rezo recalcitrante de, somos bien panistas, pero bien panistas? Claro que no es el único caso, los hay en todos los partidos políticos, los tránsfugas saltimbanquis están a la vista; lo más curioso es que les sigue yendo bien a pesar del cambio de principios, de inmediato se colocan, se ubican y siguen prendidos de la ubre. Claro que también hay miles de militantes en los partidos políticos que son fieles a la causa a pesar de los negros vendavales, a pesar de sus sacrificios, a pesar de que nunca les toca nada o los hacen a un lado después de tanto esfuerzo, a pesar de las traiciones, a pesar de la falta de cumplimiento a promesas; esos muchos siguen fieles y no cambian ¿por qué se dan los extremos entre la militancia partidista? Para quien esto escribe, es buena pregunta. Me gustaría tener una respuesta satisfactoria de los actores políticos que pueden cambiar de camiseta sin mayor problema. Vamos, de aquellos que aunque se lancen de cabeza caen parados ¿será posible una respuesta convincente? ¡Aun no la tengo!. |