PERDÓNAME SALMON |
Francamente me siento decepcionado de quienes en Querétaro tienen la responsabilidad de conmemorar el Bicentenario y que prácticamente han olvidado el Centenario, pues evidencian una amplia ignorancia supongo involuntaria de los hechos históricos, lo cual es fácil de comprobar por la ausencia de un reloj que marque la cuenta regresiva del Centenario de la Revolución, al igual que el existente en el Jardín Corregidora donde se encuentra uno que marca el Bicentenario. La Revolución es cierto represento para los queretanos, un ente ajeno a la conciencia e idiosincrasia local, pues si bien existía solidaridad a movimientos sociales como la huelga de Rio Blanco realizada por los obreros de la Fabrica de Hércules, en términos generales los efectos del Porfirismo fueron positivos, los bosques de Huimilpan y Amealco proporcionaron la madera para los durmientes donde se tendieron las vías ferroviarias que unirían al país, ahí queda el cerro pelón del Cimatario como testimonio de la revolución industrial porfiriana, los patrones y hacendados eran gente temerosa de Dios y con profunda convicción cristiana preocupado por sus peones y sirvientes, a los cuales dirigían como a niños a los que había que cuidar y proteger, razón que a más de un cronista hacían exclamar “Mujer que no sea beata y banqueta donde quepan dos, no las encontraras en Querétaro ni por el amor de Dios” Querétaro por ello fue ajeno al movimiento antirreleccionista de Francisco I. Madero a pesar de que su esposa Sara Pérez Romero era nuestra paisana originaria de San Juan del Rio, celebrando con repique de campanas de San Francisco, La cruz, Santo Domingo, Santa Teresa y San Antonio, el fraudulento triunfo porfirista, por cierto le resultaría curioso saber que un estado ajeno a Sarita como Yucatán le daría el nombre de esta queretana a uno de sus municipios. El inicio de la lucha fue mal vista en la capital queretana, pues catalogaban de malos católicos a los “revoltosos” que se levantaban en armas en contra del poder establecido aprobado por Dios, en esa hora histórica Jalpan se convirtió entonces en la tea inextinguible del fuego revolucionario, pues aquí los miembros del Club Aquiles Serdán, liderados por Policarpio Olvera junto a más de un centenar de bravos serranos se levantan en armas de acuerdo al Plan de San Luis promulgado por Madero y toman la plaza, liberando a los presos y destituyendo a las autoridades, no tan exitosa resulto la revuelta en El Pueblito netamente indígena que fue descubierta y duramente reprimida, pero sirvió para evitar enviar una fuerza porfiriana en contra los serranos por temor a que la ciudad quedara desguarnecida ante un motín. La renuncia de Díaz marcaria el triunfo maderista y la llegada a la Presidencia de un Queretano, Francisco León de la Barra quien evitaría un vacío legal, mientras se daba la transición en Querétaro se dieron extraños efectos camaleónicos en los políticos queretanos pues los maderistas de “ultima hora” apedreaban los zaguanes de los otrora connotados porfiristas, mientras las familias ex porfiristas como los Loyola o los González de Cossío prudentemente habían cambiado tiempo antes de bando, a pesar de ello los candidatos maderistas presentados en la primera elección democrática post revolucionaria, no obtuvieron el triunfo y tras el asesinato de Madero y Pino Suarez, El Gobernador Loyola reconoció al Chacal Victoriano Huerta quien al desconfiar de su amistad con Félix Díaz, sobrino del Dictador mejor lo destituyo enviándonos como Gobernador Militar al infame General Chicharro. Es en esta segunda etapa de la Revolución donde en nuestra entidad se crean hondas diferencias entre los liberales pro revolucionarios como Calzada y los católicos contrarrevolucionarios como Ignacio M Loyola, paradójicamente una ciudad vinculada al constitucionalismo y a Venustiano Carranza, no tuvo una figura más despreciable entre sus habitantes que Carranza, aun recuerdo que mi abuela Jovita Sánchez Flores utilizaba el adjetivo “Carranzear” como sinónimo de robar y como iba a ser de otra manera si los carrancistas se dedicaron a cerrar el Seminario hoy convertido en estacionamiento en Allende frente al SAT, saquear los templos y quemar sus bienes muebles como los confesionarios en la calle de 5 de Mayo por ordenes de Siurob. Es por ello que los corazones queretanos se adhieren incondicionalmente al curioso personaje que pese a su fama de centauro callera de su caballo, sobre la esquina de Juárez y Madero, cuyo nombre pasaría a la historia como sinónimo de justicia social, no me refiero a otro más que al General Francisco Villa del que uno de sus soldados escribiría en la Alameda Hidalgo la mundialmente famosa canción Mixteca. Pancho Villa se entrega a Querétaro y Querétaro a Pancho Villa que despachaba sus asuntos en la Casa Mota que luego Carranza convertiría en Palacio Nacional, ahí donde el Diputado Bernardo Ramírez Cuevas, tiene hoy sus oficinas con inusual ternura pues Villa dona su propia mesa de operaciones tras enterarse que Santa Rosa de Viterbo donde estaba instalado un hospital no contaba con una y salva una de las tradiciones navideñas mas acendradas en Querétaro, la del Carro de la posada donde Francisco Villa manda traer carretones de la estación y del Barrio del Tepetate para que los niños disfrutaran esa navidad junto a Villa que presenciaría el desfile en Pino Suarez frente a Catedral, donando de su peculio los dulces y las frutas para los aguinaldos, además de repartir suficiente comida para los pobres, recordando a mi abuela decía con lagrimas en sus mejillas “Lo que Villa nos dio Carranza se lo robo”. Era tan grande la pasión por Villa de los queretanos que tres de los hijos de Don Valentín Frías se fueron con Pancho Villa, al igual que muchos valerosos jóvenes de las buenas familias a la aventura con la división del norte, lealmente al lado de Pancho Villa, incluso tras las derrotas de Celaya, Silao y León a las que escépticos los queretanos negaban como ciertas diciendo que eran “puras papas” en dichas batallas en San Francisco y San Sebastián se establecieron hospitales de sangre y se dio atención a los heridos de las batallas que narra el corrido del siete leguas. Al instalarse el congreso constituyente no fueron pocos los diputados que no podían dormir en sus habitaciones del Hotel Hidalgo en la Calle de Madero, calles que por cierto fueron bautizadas por los carrancistas, de solo pensar que Pancho Villa podría regresar a Querétaro como lo prometió, un congreso donde lo más destacado de los diputados queretanos fue su participación como eso “como diputados” pues son francamente decepcionantes en fin usted sabe, son diputados sus participaciones recogidas en los diarios de los debates centradas en robarle a Guanajuato San José Iturbide y Apaseo el Alto, duramente rebatidas por los representantes guanajuatenses. Por cierto el último acto de la Revolución también ocurre en Querétaro pues es aquí donde en 1929 nace el Partido Nacional Revolucionario, que es antecedente directo del PRI, cuenta de ello lo dan distinguidos historiadores como Katz, Taibo y hasta un extraordinario libro de reciente publicación por la UAQ, y cuyo nombre escapa injustamente a mi mente, por ello Señor Secretario le pido disculpas en serio, perdóneme señor Secretario Salmon pero es un favor que le debo a la Revolución con la que me siento ideológicamente comprometido, con el Villismo y a mi abuela que aunque lo dude, la tuve y me enseño a ser un mexicano con principios revolucionarios. |